Ex alumno de la Escuela de Agronomía lidera proyecto sobre cultivo in vitro de boldo como alternativa de propagación sustentable


El boldo es una noble especie endémica de la zona central de nuestro país que cuenta con reconocidas propiedades medicinales y un gran potencial productivo. Este árbol además soporta gran estrés hídrico, lo que podría significar una opción sustentable de diversificación de cultivos agronómicos tradicionalmente explotados en Chile, muchos de los cuales son cuestionados por su enorme impacto social en temas de uso de agua.

Pablo Morales Tapia (35) es Ingeniero Agrónomo de la primera generación titulada con Mención en Gestión Ambiental de la Escuela de Agronomía, Magíster en Producción Agroambiental PUCV y Doctor en Ciencias de la Agricultura de la PUC. Actualmente se desempeña como asesor independiente en micropropagación vegetal y desde el 2017 trabaja en la generación e investigación de estrategias de  propagación vegetal del boldo, proyecto con el que recientemente adjudicó un fondo de innovación social de la Dirección de Innovación y Emprendimiento PUCV para continuar con la recuperación y manejo sustentable de la especie nativa que, de ser desarrollada, podría generar múltiples impactos sociales en materias de desarrollo productivo y de manejos sustentables de la especie nativa.

Gracias a su trabajo en investigación, Pablo ha podido vislumbrar que la tendencia de diversificación de la matriz agrícola en nuestro país podría avanzar hacia la producción de especies nativas, simulando modelos que han utilizado países como Holanda para desarrollar nuevas líneas de negocios. Esto, considerando que esta especie cuenta con la ventaja competitiva de solo crecer en Chile y que, actualmente, se exporta en muy baja cantidad debido a las medidas de manejo con la que cuenta, sumado a que es una especie de lento crecimiento y baja producción.  

¿Qué te motivó a  trabajar con esta especie en particular ?

El boldo es una planta que tiene un potencial productivo y ecológico súper grande. Es una especie endémica que no crece en ninguna otra parte del mundo, cuyas propiedades terapéuticas ya se conocían en la época precolombina.  Tiene  un uso extendido en medicina tradicional y natural y se han hecho muchos estudios de las propiedades regenerativas que tiene sobre el hígado, por ejemplo,  pero lamentablemente no se ha hecho mucho en todos estos años para desarrollar formas más sustentables de producción. 

Actualmente, por cambio climático, presión antrópica, desarrollo urbano, etc las poblaciones naturales de boldo se encuentran en un riesgo, a pesar de que aún no están categorizadas como en peligro de extinción. La gente va, saca las hojas y las vende. Además existe mucho comercio ilegal. Lo único que se ha podido hacer hasta ahora para protegerlo es establecer planes de manejo por parte de la CONAF, pero no es suficiente. Además, la regeneración natural de estas poblaciones es prácticamente inexistente y lo poco que se hace de propagación de boldo es todo a través de semillas extraídas de la naturaleza, lo que tiene el problema que las semillas no germinan. Si quieres tener 100 plantas de boldo debes sembrar 500 o más semillas. Esa presión, sumada a la extracción de hojas y la no recuperación medioambiental  pone en riesgo al boldo y limita la posibilidad de poder hacer crecer el negocio del boldo. 

Ahí surge la idea de poder usar la micropropagación, que es una técnica de reproducción vegetativa, como una herramienta para extraer las semillas y aumentar la presión sobre las poblaciones naturales. Con micropropagación,  el material que uno va a necesitar extraer es mínimo y te va a permitir tener una producción prácticamente ilimitada de plantas boldo. 

 ¿Cómo te interesaste en el tema de la micropropagación? 

Aprendí un poco en el laboratorio de la Escuela de Agronomía gracias a una amiga que trabajaba ahí y me enseñó y eso me permitió entrar a un trabajo donde estaba tiempo completo trabajando ese tema. En la empresa surgió la posibilidad de pasar del área productiva al área I+D y empezamos a trabajar con micropropagación de algunas especies nativas como leucocoryne, quillay y murtilla. Ahí empecé a hacer mi doctorado sobre aplicaciones biotecnológicas y flora nativa, que siempre me ha interesado. Para mi, la flora nativa es un recurso genético y natural como podría ser el cobre, el gas, el litio y que lamentablemente no utilizamos. No somos como otros países como Holanda, por ejemplo, que viajan por todo el mundo, recogen dos cosas y desarrollan variedades ornamentales de especies nativas. Muchas especies ornamentales se desarrollaron a partir de material genético chileno. 

¿Cómo se conecta tu trabajo en la micropropagación con el desarrollo del proyecto de boldos?

Cuando comenzamos a desarrollar la micropropagación de boldo tuvimos la suerte de tener crecimiento de plantas de excelente calidad a nivel in vitro, pero el proyecto se estancó y quedaron estos materiales  guardados. Después de terminar mi doctorado, teníamos todos estos materiales y había que hacer algo. Ahí tuvimos contacto con la empresa Hermanos Cambiasso que producen el Té Supremo y nos dijeron que efectivamente ellos no daban abasto con la producción de boldo para sus productos. Tienen un fundo en Curauma donde tienen sus plantas de boldo y solo pueden hacer extraccion año por medio, por el plan de manejo de la Conaf. Además, tienen el problema de que en esa zona hay muchos incendios y que en cualquier momento pueden perder sus plantas de boldo, que son formaciones naturales. Ahí se nos ocurrió que si pudiéramos desarrollar un sistema que nos permitiera cultivar boldo sería ideal porque se podría exportar mucha más cantidad, ya que la demanda a nivel mundial, sobre todo en Brasil es muy alta. No se exporta más porque no hay acceso a más material. 

¿Cuál crees que es el impacto social que este proyecto puede generar?

Desde el punto de vista agronómico y social tiene que ver con la diversificación. Aun cuando los sistemas de cultivo del boldo no están desarrollados, este es un árbol que tiene una resistencia y vive en condiciones de gran estrés hídrico, habita en zonas de alta irradiación solar, zonas de temporadas marcadas por falta de agua tremenda ya que en la zona central llueve solo tres meses al año. Evidentemente tiene un potencial muy grande para ser un cultivo que pueda diversificar la matriz agrícola que en estos momentos tenemos en la zona centro norte y central del país. El palto económicamente es  muy rentable, pero socialmente está muy cuestionado por el excesivo requerimiento de agua que tiene y justamente este tipo de plantas, que podrían resultar más rústicas, son las que menos necesidades pueden tener. Pueden ser una opción para grandes y pequeños productores. 

¿Cuánto tiempo toma el proceso para que la planta de boldo in vitro alcance un tamaño adecuado para ser comercializado?

El boldo siempre se ha caracterizado por ser una especie de lento crecimiento. El tema es que nosotros podemos plantar en ultra alta densidad y esperar a que el boldo tenga unos pocos centímetros de altura para cortar y obtener biomasa. Entonces, podríamos estar hablando desde que se planta hasta obtener los primeros crecimientos y cosechas unos 2 a 3 años, si implementamos estos sistemas, que evidentemente hay que evaluarlos. Pero pensamos en un sistema ultra alta densidad,  poniendo una gran cantidad de plantas por metro cuadrado, cosa de tener plantas de pocos centímetros de altura, pero son tantas que podemos cosechar y obtener biomasa. Esto es una ventaja versus los 10 años que se deberían esperar para que las plantas tengan un volumen o tamaño tal que sean un árbol. De 2 a 3 años no está tan alejado de los que podría ser otras producción agrícolas, como los frutales, por ejemplo. 

¿Qué productos se podrían obtener a partir del boldo?

El producto más elaborado que se tiene de Chile son las bolsas de té, pero las hojas de boldo en sí se exportan a Brasil y el mundo para la elaboración de té, infusiones o extracto para medicinas naturales, perfumería y cosmética.  También hay investigaciones en relación a la miel monofloral de boldo que se exporta y vende  a precios bastante elevados, donde incluso investigaciones han encontrado propiedades antibióticas. Desde ese puto de vista, al tener un sistema con para propagar plantas in vitro, enriquecer y reforestar sistemas con ellas de manera masiva,  se da la posibilidad de generar mayores recursos florales en un futuro. Más plantas con más flores donde las abejas van a ir, para obtener mieles que son muy valoradas. 

¿Has podido acceder a otro tipo de financiamiento para desarrollar tu innovación?

Es  difícil  levantar fondos. Yo soy el boldo pero hay personas que tienen ideas excelentes con cobre y litio, por ejemplo, cosas que son mucho más masicas. La agricultura en el caso chileno, salvo que estés metido en fruticultura, siempre es menor la innovación, porque hay que ponerse en el caso donde tengas mayor retorno que es super comprensible en cualquier ciencia aplicada. Pero hay un potencial enorme. Todo el tema de los alimentos, nutracéuticos y los antioxidantes está muy en boga y justamente el boldo tiene este potencial de que no hay que demostrar que es saludable. Se conocen sus propiedades y sus componentes pero lo que falta es desarrollar un sistema que permita cultivarlo y eso se parte por tener las plantas, que es una de las grandes limitaciones. 

¿Cuál es el siguiente paso en tu proyecto?

Esperamos poder aclimatar las plantas y ya, teniendo ese paso, el proceso productivo o de propagación del boldo estaría culminado. No habría problemas en producir grandes volúmenes de plantas de boldo, miles hasta cientos de miles y millones. Queremos demostrar que el sistema funciona y optar a más recursos que permitan desarrollar el sistema de cultivo.  En paralelo, queremos desarrollar temas de mejoramiento genético para que no solo sea un boldo “x” sacado de un cerro, sino que poder obtener, identificar y desarrollar plantas con mayor contenido de antioxidantes, con mayor concentración de compuesto fenólicos y propiedades biológicas, que son los primeros pasos para el mejoramiento genético y domesticación de una especie.  

Además, gracias  a la domesticación y todo el soporte del cultivo in vitro tenemos varias potencialidades para desarrollar inducción de mutaciones. Tenemos herramientas para poder hacer bastantes cosas que aceleren estos procesos, por lo que necesitamos  financiamiento.

Queremos realizar los primeros ensayos y huertos administrativos en  el campus de la Escuela de Agronomía, que cuenta con superficie como para hacer este tipo de ensayos, pero evidentemente la idea es traspasar esto a algún productor que tenga interés o a alguna empresa que se dedique a comprar lo que los pequeños propietarios que tienen boldo en sus predios. Esperamos identificarlos y asociarnos con ellos para hacer más ensayos y análisis más elevados sobre cómo se comporta la planta en distintos lugares y probar distintos genotipos. 

¿Cuál es tu objetivo a largo plazo si continuas desarrollando la propagación de boldo? 

Demostrar que los recursos de la flora nativa son utilizables productivamente. Que se pueden trabajar y que generan recursos. Lamentablemente han sido pocas las experiencias que han tenido realmente éxito y un impacto en la industria. Algo se ha hecho con la murtilla y con el maqui y ahora se está usando más el calafate, pero no hemos logrado desarrollar una industria basada en algún elemento nativo como lo hicieron los holandeses con las astromelias. Chile es centro de origen de estas flores y fueron ellos quienes generaron un producto y lo convirtieron en uno de los 3 cultivos florales más importantes del mundo, siendo que ellos no tienen ninguna astromelia nativa creciendo en su territorio. Queremos que hoy sea el boldo pero mañana sea el quillay, que es la experiencia de éxito más grande que tenemos. Queremos replicarlo y no quedarnos solo en la producción de frutas y verduras y ver otras posibilidades de producción agrícola como la producción de compuestos funcionales, pigmentos, hay todo un mundo gigante por descubrir en ese aspecto.